Namibia: ¿una pequeña Suiza africana? los recursos hídricos al límite

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Ana Santillana

Windhoek, Namibia

No hay país en el mundo con horizontes de desierto y sabana tan espectaculares y cautivadores. Desde la misteriosa costa Atlántica hasta el corazón del Kalahari y desde el río Orange hasta el río Kunene, Namibia es una sucesión de fragmentos de naturaleza inalcanzables que estimulan los sentidos de cualquiera. 

 

No es un territorio nada fácil de explorar ni de refugiarse. Establecerse y sobrevivir siempre fue un reto muy exigente sólo al alcance de los pueblos bosquimanos adaptados a esta geografía desde tiempos remotos, y tal vez también de algunos exploradores disparatados que dejaron atrás toda ambición de fortuna para fundirse en la naturaleza.

 

El paisaje seco, yermo y a veces abrupto de Namibia no ha sido nunca muy condescendiente con los seres vivos, ya fueran plantas, árboles, animales o personas, pero, a pesar de todo, el ejercicio de visitarlo siempre ha provocado la mayor de las fascinaciones.

 

Namibia tiene una superficie equivalente a una vez y media el Estado Español y sólo cuenta con dos millones y medio de habitantes, la mayoría concentrados en las áreas urbanas de la capital, Windhoek, y de las dos principales ciudades costeras, la residencial Swakopmund y la portuaria Walvis Bay, y también en la franja de poblaciones agregadas a los grandes ríos, en el extremo Norte a tocar de Angola.

 

La inmensa mayoría del país tiene muy poca densidad de población, que se reparte en minúsculas localidades y granjas rurales dedicadas a la ganadería, muy distanciadas unas de otras. Hablamos de la segunda densidad de población más baja del mundo, con 3 habitantes por km2.

 

El clima extremadamente seco, con precipitaciones muy irregulares y escasas, difícilmente puede sostener una población humana mayor que la actual, aunque, en realidad, ya hace unos años que se ha empezado a sobre-explotar peligrosamente los recursos hídricos del subsuelo y pronto habrá que plantear soluciones drásticas para limitar su consumo.

Namibia, que cuenta con una de las densidades de población más bajas del mundo con 3 habitantes por km2, ha comenzado a sobre-explotar los recursos hídricos del subsuelo

En Namibia no se puede desperdiciar ni una sola gota de agua, porque en la estación seca, de mayo a octubre, el aire diurno se transforma en un horno que ennegrece los árboles, quema la hierba, desmenuza las rocas y ahoga la respiración. No es extraño que el sol abrasador y la sequedad ambiental hayan creado con el paso de los siglos un enorme desierto de dunas gigantes con rincones insólitos como el famoso Deadvlei.

 

Históricamente, hasta la colonización del país por los europeos a lo largo del siglo XIX, estas tierras sólo habían estado en manos de poblaciones cazadoras y recolectoras y, más tarde también de poblaciones bantú llegadas del centro del continente. 

 

La convivencia entre los bosquimanos y los pueblos migrantes vecinos tuvo episodios de conflicto, pero, en términos generales, el país siempre fue bastante ancho y la naturaleza suficientemente generosa para que todos encontraran un marco de subsistencia equilibrado y sin fricciones excesivas. En cambio, la primera llegada de colonos europeos y la posterior anexión de Namibia al imperio colonial alemán en 1884 provocó un nuevo reequilibrio entre todas las poblaciones y un nuevo uso de los recursos naturales.

El imperio alemán provocó en 1884 un nuevo reequilibrio entre poblaciones y recursos naturales, siendo más tarde golpeada por el apartheid durante cuarenta años

Bajo los treinta años de mandato alemán, Namibia fue dominada y explotada por el yugo colonial. En aquel, tiempo, los pobladores autóctonos conocer el uso y el abuso de las reglas políticas, sociales y administrativas impuestas por la metrópolis; por ejemplo, vieron como se les expropiaba tierras indocumentadas que a continuación se parcelaban y otorgaban a los colonos, sufrieron lamentables episodios de represión militar y cruel genocidio, y, más tarde, durante el protectorado de la República de Sudáfrica , después de la Segunda Guerra Mundial, sufrieron cuarenta años de injustas leyes de segregación racial al amparo del apartheid.

 

La proclamación de la independencia en 1990, después de una larga guerra entre Sudáfrica y Angola a la sombra de la guerra fría, representó un enorme paso adelante de cara a construir un país democrático, moderno y con nuevos horizontes. Desde entonces, a pesar de ciertos desequilibrios que aún lastran, Namibia no ha parado de prosperar en muchos terrenos y a diferentes velocidades. 

 

La estabilidad política de estos años ha permitido que la minería, la pesca y el turismo se fueran consolidando como sus principales actividades motoras, que la riqueza se repartiera más entre la población y que la sociedad se abriera hacia un mayor respeto por la diversidad. Aunque resulte exagerado decirlo, en los últimos años Namibia ha sido vista por los países vecinos como una pequeña Suiza africana con buen clima político y buenas oportunidades de negocio. 

 

En general, los namibios han notado los últimos años un aumento del progreso gracias al fuerte empuje de un turismo que hasta ahora ha sabido abrazar una oferta de calidad, poco masificada, y que ahora se ha detenido por los efectos de la pandemia.

Con un buen clima político y buenas oportunidades de negocio, Namibia comienza a ser vista como una pequeña Suiza africana

Sin explotar uranio, cobre, estaño o diamantes, la principal joya de Namibia no es otra que sus increíbles paisajes y la vida salvaje que acoge. Hablamos de elefantes, rinocerontes, jirafas, leones, leopardos, guepardos, búfalos, orix, springbok, hienas, perros salvajes, zorros y de cualquier otra especie estrella de la colección clásica de animales de África, pero adaptados aquí a sobrevivir en un medio bastante hostil, en condiciones climáticas muy extremas. 

 

También lo son los miles de especies de aves, reptiles e insectos, así como la multitud de árboles y plantas, algunas de ellas tan singulares como el quiver tree o la Welwitschia. Desde el aire y desde ras de suelo, Namibia es un país de paisajes sobrecogedores, de fauna salvaje en vías de conservación y de horizontes imaginativos y poéticos que se ha convertido en una de las principales y mejores destinos turísticos del planeta, el secreto de Namibia, pasa por consolidar un turismo sostenible, realista a los recursos y abastecimiento de agua que tiene.

Fotografías de Adrià Grau

Video de cabecera. Tráiler del documental The Last Wild, dirijido por Jordi Llompart i disponible en filmin y amazon prime.

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